Huila y su historia de defensa del oso andino
Hace más de 15 años, las cámaras trampa instaladas en los bosques del Huila registraron por primera vez la imagen de un oso andino (Tremarctos ornatus), marcando el inicio de una historia de descubrimiento, ciencia y compromiso ambiental. Desde entonces, comunidades campesinas, organizaciones ecológicas y la Corporación Autónoma Regional del Alto Magdalena (CAM) trabajan de la mano para proteger al único oso nativo de Sudamérica.
Lo que comenzó como una tarea de observación se convirtió en un sistema participativo de conservación que hoy es ejemplo nacional. Las comunidades locales se encargan de instalar cámaras, recorrer senderos, analizar rastros y compartir conocimientos sobre el comportamiento del animal.
Gracias a este esfuerzo colectivo, se han identificado 217 osos en el territorio, equivalente al 3,6 % de la población total de Colombia, y se han obtenido 8.500 registros que permiten comprender sus hábitos, rutas de desplazamiento y zonas de reproducción.


El trabajo ha revelado la presencia del oso en 19 municipios, con un núcleo principal en San Agustín, donde incluso se han documentado cuatro eventos de cópula en vida silvestre, una señal de que el ecosistema ofrece condiciones óptimas para su supervivencia.
“Cada registro es una historia del territorio. Los osos cruzan montañas, páramos y bosques húmedos, conectando la vida entre pisos térmicos. Su presencia nos recuerda que conservarlos es conservar el equilibrio de nuestros ecosistemas”, afirma Katherine Arenas, bióloga de la CAM.
Con 15 años de investigación y más de 340 estaciones de monitoreo, el Huila se consolida como uno de los bastiones de la conservación del oso andino en Colombia, un símbolo vivo de la biodiversidad y de la relación armónica entre naturaleza y comunidad.
Comentarios