Impulso a la economía en torno a la cholupa
La Cooperativa Cholupa del Huila inauguró la Casa de la Pasiflora en el municipio de Rivera, un espacio que combina la transformación agroindustrial con el turismo rural, ofreciendo más de diez productos derivados de la cholupa, fruta emblemática del departamento y protegida con denominación de origen.
El proyecto refleja la resiliencia de los productores locales, que pese a la reducción del área agrícola por la expansión de proyectos urbanísticos, se han mantenido firmes en el cultivo y aprovechamiento de esta fruta exótica. Ahora, a través de la cooperativa, los agricultores buscan dar valor agregado a su producción y promover experiencias turísticas en torno a la pasiflora.
Con el respaldo de la Gobernación del Huila, la Casa de la Pasiflora abrió sus puertas como un lugar donde “se respira, saborea y sueña con la cholupa huilense”. Allí, los visitantes pueden disfrutar de una amplia oferta gastronómica que incluye jugos, frappés, aromáticas, postres, gomitas, cheesecake, salsas y sodas, todos elaborados a partir de la fruta.


El espacio, de ambiente cálido y diseño artesanal, busca atraer tanto a turistas como a habitantes locales que deseen conocer el proceso detrás de este producto insignia. “Nos encontramos con este sueño hecho realidad, donde los visitantes pueden disfrutar de los productos de primera mano, directamente elaborados a partir de la cholupa”, expresó Óscar Eduardo Trujillo, secretario de Agricultura y Minería del Huila.
El funcionario destacó, además, las iniciativas en curso para fortalecer el sector de las pasifloras, entre ellas el proyecto “Investigación y desarrollo de estrategias de tolerancia y resistencia a Fusarium spp. mediante selección genética”, financiado con más de $2.700 millones, que busca recuperar la productividad en varios municipios del departamento.
Por su parte, Arturo Pascuas Yáñez, representante legal de la cooperativa, señaló que uno de los principales retos del sector es ampliar las áreas de cultivo, ya que la producción actual solo satisface la demanda local, pese al potencial de exportación hacia mercados europeos.
Según los productores, una hectárea bien manejada puede alcanzar entre 12 y 15 toneladas anuales, distribuidas en tres cosechas. En tanto, Andrés Puentes, socio de la cooperativa, resaltó que su modelo de producción promueve la preservación ambiental y busca contar historias detrás de cada experiencia con la fruta. “Queremos crecer en áreas cultivadas, fortalecer la comercialización y llegar a nuevos mercados con identidad y sostenibilidad”, aseguró.
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