Pese a crecientes, Melgar listo para la Semana Santa
Luego de los momentos de alta tensión generados por el desbordamiento de tres quebradas, el municipio de Melgar, en Tolima, comenzó a recuperar la normalidad. El alcalde Francisco Bermúdez informó que, tras las labores de remoción de lodo y escombros iniciadas desde la madrugada del lunes, ya se restableció completamente la movilidad tanto en el casco urbano como en la zona rural.
La emergencia fue consecuencia de intensas lluvias en la cordillera, especialmente en el sector de Icononzo, que provocaron crecientes súbitas históricas en los afluentes del municipio. La situación se agravó por el aumento del nivel del río Sumapaz, lo que generó un represamiento en quebradas como La Melgara y La Longaniza.
Según el balance entregado por la administración municipal, más de 500 familias resultaron afectadas. Durante la jornada anterior se adelantaron los censos y se inició la entrega de ayudas humanitarias. El mandatario destacó que no hubo víctimas fatales y que los daños se concentraron en viviendas y vehículos.
Para atender la emergencia, se habilitaron más de diez frentes de trabajo con el apoyo del Ejército Nacional, la Policía y organismos de socorro, lo que permitió acelerar las labores de limpieza y recuperación.
En el sector turístico, uno de los más impactados fue el Centro Vacacional Cafam Melgar. Sin embargo, el alcalde precisó que las afectaciones fueron puntuales en algunas cabañas de la zona antigua y no comprometen la operación general del complejo. También indicó que otros hoteles presentan daños menores y ya reciben acompañamiento institucional.
De igual forma, zonas clave para el turismo como la Avenida Cafam y el sector de discotecas, incluida La Roca, no registraron afectaciones y continúan en funcionamiento.
De cara a la Semana Santa, la administración declaró la calamidad pública y la urgencia manifiesta con el fin de agilizar las obras de mitigación y limpieza en las riberas. El alcalde hizo un llamado a promover la imagen actual del municipio para evitar afectaciones al turismo, principal motor económico de la región.
Como medida preventiva, se restringió la práctica del tradicional “paseo de olla” en los afluentes hídricos, con el objetivo de proteger a los visitantes ante posibles crecientes súbitas y preservar las fuentes que abastecen el acueducto local.
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