La muerte del colombiano Brayan Rayo Garzón se convirtió en uno de los casos más sensibles dentro de una investigación sobre presuntas fallas en los centros de detención migratoria de Estados Unidos.

El joven, de 26 años, falleció mientras permanecía bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), luego de solicitar ayuda psicológica y pedir comunicación con su familia.

Según los documentos conocidos por la investigación, Rayo Garzón permanecía detenido en una cárcel del condado de Phelps, en el estado de Missouri, y días antes de su muerte había sido aislado tras presentar síntomas asociados al COVID-19.

Los reportes internos señalan que el colombiano evidenció un fuerte deterioro emocional y pidió apoyo psicológico, además de solicitar autorización para hablar con su madre. Sin embargo, horas después fue encontrado inconsciente en su celda. Posteriormente, la autopsia confirmó que se trató de un suicidio.

El caso hace parte de un incremento de suicidios registrados en centros de detención de ICE en Estados Unidos. De acuerdo con la investigación, al menos diez migrantes detenidos se han quitado la vida desde enero de 2025, una de las cifras más altas reportadas por el sistema migratorio estadounidense.

Expertos y organizaciones defensoras de derechos humanos han advertido sobre posibles fallas estructurales en la atención de salud mental y en las condiciones de aislamiento dentro de estos centros de detención. Por su parte, ICE aseguró que brinda atención médica y psicológica integral a las personas bajo custodia y sostuvo que este tipo de hechos continúan siendo poco frecuentes dentro de sus instalaciones.