Wilmar Mejía presentó su renuncia irrevocable como director de la Dirección Nacional de Inteligencia (DNI), en medio de la polémica desatada por el escándalo de los llamados “archivos de Calarcá”, que apuntan a una posible infiltración criminal en algunas de las instituciones más sensibles del Estado colombiano.

La crisis tiene su origen en un operativo realizado en 2024 en carreteras de Antioquia, cuando autoridades interceptaron una caravana de la UNP en la que se movilizaba alias ‘Calarcá’, señalado jefe de una facción de las disidencias de las Farc. Aunque el cabecilla quedó en libertad por el proceso de paz, en el procedimiento se incautaron dispositivos electrónicos cuyo contenido permaneció en reserva hasta que investigaciones periodísticas revelaron la existencia de una red de informantes dentro del Ejército, la Policía, la Fiscalía y organismos de inteligencia.

En esos documentos aparece mencionado Mejía bajo el alias de ‘El Chulo’. Según las indagaciones, el entonces director de la DNI, junto con el general Juan Miguel Huertas, jefe de comando de personal del Ejército, habría filtrado información sensible a ese grupo armado, lo que intensificó el escándalo y la presión pública sobre su continuidad en el cargo.

Tras presentar su renuncia, Mejía aseguró que su decisión busca facilitar las investigaciones de la Procuraduría y la Fiscalía, señalando que debía ser coherente y evitar afectaciones a la entidad. Pese a su salida, negó ser un infiltrado y sostuvo que sus contactos con cabecillas se dieron en el marco de gestiones relacionadas con la paz.

El exfuncionario también ha reconocido en declaraciones previas haber entregado “información sensible” al presidente Gustavo Petro, lo que, según él, contribuyó a su ascenso dentro del Gobierno, aunque insiste en que esto no lo convierte en informante de las disidencias. Cabe recordar que el mandatario había defendido y reintegrado tanto a Mejía como al general Huertas tras una suspensión inicial impuesta por la Procuraduría.