Un nuevo virus en escena: el hantavirus

Un brote de hantavirus ha puesto en alerta a las autoridades sanitarias tras registrarse varios casos a bordo de un crucero de expedición que partió de Ushuaia (Argentina), conocida como la ciudad más austral del mundo. Durante la travesía, tres personas fallecieron por la enfermedad y otra, en estado grave, fue trasladada a Sudáfrica para recibir atención médica. La embarcación permanece anclada en Cabo Verde, mientras se realizan pruebas para descartar nuevos contagios.

El hantavirus no es un único virus, sino un conjunto de más de veinte especies pertenecientes a la familia Bunyaviridae. A diferencia de otros virus de este grupo, no se transmite por insectos, sino principalmente por roedores infectados. Se trata de una enfermedad zoonótica, es decir, que puede pasar de animales a humanos y causar cuadros graves, con tasas de mortalidad que varían según el tipo de virus.

Estos virus se clasifican en dos grandes grupos: los del “Viejo Mundo”, presentes en Europa y Asia, y los del “Nuevo Mundo”, en el continente americano. El contagio ocurre, en la mayoría de los casos, por contacto con orina, heces o saliva de roedores infectados, o por la inhalación de partículas contaminadas en el aire. Aunque es poco común, también puede transmitirse por mordeduras.

En humanos, los hantavirus del Viejo Mundo suelen provocar fiebre hemorrágica con síndrome renal, mientras que los del Nuevo Mundo están asociados al síndrome pulmonar por hantavirus, una afección que puede evolucionar rápidamente hacia insuficiencia respiratoria. En ambos casos, los síntomas iniciales —como fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares, náuseas y fatiga— pueden confundirse con los de una gripe u otras infecciones, lo que dificulta su diagnóstico temprano.

Además, la enfermedad puede afectar distintos órganos y, en algunos casos, requerir semanas o meses de recuperación. Detectarla en las primeras 72 horas es complejo, por lo que, si persisten los síntomas, se recomienda repetir las pruebas diagnósticas.

Para prevenir el contagio, se aconseja evitar la presencia de roedores en viviendas y almacenes, sellar posibles accesos y mantener los espacios limpios, sin acumulación de basura. También es fundamental limpiar adecuadamente las áreas contaminadas, asegurando buena ventilación y utilizando elementos de protección como guantes, mascarillas y gafas. En estos casos, se recomienda no barrer en seco, sino humedecer previamente las superficies para evitar la dispersión de partículas infecciosas en el aire.

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